Las cigüeñas entonces se convertirán en nuestras guías. Efectuarán una pequeña parada en los nidos de la Iglesia de San Francisco, antiguo convento franciscano, y nos guiarán por los campos de la Serena, mar de cielo y campos de oro, hacia las fortalezas que nos guardaron pacientemente a lo largo de los siglos.

Merece la pena pasear dentro del perímetro de lo que fue la antigua muralla de la ciudad y escuchar el eco de diferentes culturas y religiones: cristianos, hebreos y musulmanes, que la habitaron durante la Edad Media. Comenzamos por la antigua judería, actual calle Pizarro, y nos detenemos ante la Casa de la Tercia, uno de los edificios civiles más antiguos de Extremadura, exceptuando los romanos. Parece que su pesada puerta se va a abrir y va a dejar paso a los tres Maestres de las Órdenes Militares de Santiago, Calatrava y Alcántara, decididos por su pacto a unirse en torno a Alfonso XI y garantizar así la estabilidad del reino, bastante castigado por las luchas internas y las guerras contra Portugal. Las casas solariegas de la calle Carrera, con sus escudos nobiliarios, nos hablan aún de un importante pasado medieval y renacentista.
Seguimos hacia la Capilla del Santo Sepulcro, antiguo lugar de reunión del Concejo de la Mesta y admiramos la rotundidad del Palacio Prioral. Dentro de sus muros Nebrija escribió el Diccionario Latino - Castellano, que dedicó a su mecenas, Don Juan de Zúñiga y Pimentel, el último Maestre de la Orden de Alcántara, que le acogió en su corte de eruditos.
admiramos la Casa Consistorial y la imponente fachada de la Iglesia de Nuestra Señora de la
El recorrido nos lleva a la Plaza de España, no tiene forma y está porticada ¿por qué?. Para dejar paso a los ganados de la todopoderosa Orden de Alcántara. Y es que el pasado de esta ciudad está estrechamente ligado a cruces de cañadas y veredas de la Mesta por donde aún resuenan las voces de los pastores. Saludamos a la estatua de Don Pedro de Valdivia, conquistador de Chile y
Asunción, de estilo herreriano.