El día antes del acontecimiento hay que pesar a los animales en una romana, por lo que son necesarios brazos fuertes que sujeten al animal. Una vez concluido el trámite, es conveniente recuperar fuerzas con una copita, mientras el cerdo queda encerrado a buen cuidado para que no coma nada
y las tripas estén vacías al día siguiente.
La matanza dura casi tres días y los preparativos son importantísimos. La familia tiene que tener a punto y preparado todos los utensilios: cuchillos, máquinas de picar, ajos pelados, pimienta, cuerdas para atar, calderos, baldes, leña, paños, pajas para chamuscar... y comida y bebida para todos.

La carne se pica con la máquina y las mujeres se afanan en condimentarla en las artesas, una para el chorizo y otra para
el salchichón. Con la gordura y las patatas se elabora la
patatera. Las tripas lavadas y desinfectadas servirán para
enfusar la carne. Las mejores son las culares. La vejiga se
usa para el morcón.

Llega la hora de comer, y nada mejor que reponer fuerzas
con unas buenas migas con torreznos. También se pasan
por la sartén la carne condimentada, son las pruebas para
ver el grado de sal y de pimienta.

A la voz del dueño del animal, con las primeras luces, todos al corral, y si no
hay sitio dentro, a la calle. Para aguantar el frío, lo mejor es una copita de
aguardiente antes de la faena.
Dos hombres se agarran a las orejas, otros dos a las patas y uno al rabo y se
conduce al cerdo al banco para que lo mate el matarife. Mientras éste efectúa
una cuchillada certera al cuello del animal, una mujer de cuclillas recoge en un
cubo la sangre y la mueve con pericia para que luego se hagan con ella las célebres

morcillas de lustre o se cueza paracomerla en un guiso de patatas. Se cortan
las orejas, el rabo, las pezuñas y la careta.
Finalmente se separa un trozo de carne de la carrillera, otro del jamón y un
último trozo del costillar, para mandarlas al veterinario a analizar, con el fin de
descartar una posible triquinosis.

Mientras llegan los resultados se chamusca al cerdo y se hace una pausa
para comer y recuperar fuerzas. Si el resultado es positivo, se pasa a
despiezar a los animales. Más que nunca, son necesarias manos expertas

para que salgan las piezas limpias y no se rompa ninguna tripa. Aparecen
los solomillos, los lomos, las costillas, el espinazo, y al final se cortan los
jamones y paletas. Queda el tocino, las vísceras y las tripas, estas últimas
son recogidas por las mujeres para limpiarlas con mucha agua y limón.
Después llega el descarne, es decir la hora de separar la carne del hueso
y quitarle la grasa o gordura, para dejarla lista para picar. Es el momento
de salar los tocinos y los jamones, mientras se degustan unos trozos de
pestorejo, unas aceitunas machás y una copita de vino de pitarra.
Al día siguiente, con la carne "tomada", se procede a llenar los chorizos y los salchichones. Hay que tener en cuenta
que no queden burbujas de aire y es imprescindible una mano experta que los ate convenientemente. Es una tarea
reservada a las mujeres, mientras que los hombres cargan con las ristras para subirlas al doblao y colgarlas de las
vigas para el oreo. Una vez que la matanza está colgada del techo, hay que lavar bien los utensilios utilizados y
guardarlos convenientemente para que estén a punto al año siguiente y la familia vuelva a reunirse. .

LA MATANZA EXTREMEÑA

Durante siglos la cría del cerdo y su posterior aprovechamiento ha constituido la base de la alimentación de muchas
familias extremeñas. El cerdo ha sido un animal casi totémico en nuestra región, así lo indican los tempranos testimonios escultóricos de los verracos. Desde época prerromana se ha demostrado la eficacia de nuestro ecosistema para su cría
y además ha estado muy protegido por reglamentos concejiles a lo largo de la historia.

A pesar de ser nuestra zona tierra de pasto de ovejas, la influencia de la Mesta y la
trashumancia ha hecho que se considere al ganado ovino como fuente de lana, no de
alimento. Además criar un puerco asegura una fuente de proteínas durante buena parte
del año. Un dicho popular reza "Del cerdo me gustan hasta los andares" y es que no
sólo se aprovechan jamones, paletas y lomos, sino todas y cada una de sus partes,
sangre incluida. El animal era criado en piaras en el campo,o bien alimentado durante
el año por la familia en su propia casa. El cerdo se adquiría siendo un lechón y era
cebado en la zahurda con bellotas, frutas, patatas cocidas, tomates y otros productos
del campo, así como sobras de los guisos de las comidas de la casa. Eso demuestra
su alto grado de domesticidad. Hasta tiempos no muy lejanos, era normal ver los
ejemplares por la calle. A veces era común llevar los seleccionados a montanera.
Se ajustaba el precio y el animal era alimentado con bellotas durante una temporada.
En diciembre, con las bajas temperaturas,llegaba la hora de la matanza, pues las heladas
son las idóneas para curar adecuadamente la chacina.


"Diciembre entra con vino y sale con tocino", a primeros de mes se pincha la pitarra y cuando arrecian los fríos, es el momento de matar los cerdos y conservar los productos. La matanza constituye un acontecimiento social y familiar deprimera índole. La participación de todos los parientes en el trabajo de despiece y embutido de la carne refuerza anualmente los vínculos de parentesco familiar. Se da el dato curioso de que sólo en dos ocasiones se reunía la familia casi al completo: bodas y matanza. Supeditándose la fecha elegida para matar a la disponibilidad de unos y otros.
También es un motivo para reforzar los lazos sociales con parientes lejanos, primos y demás allegados de la familia.
Y servía para demostrar cierta preeminencia social, económica y parental ante los suegros. De hecho la invitacióna la novia del hijo por parte de la familia para asistir a la matanza, tenía en algunos lugares carácter ritual. Frente los vecinos representa expresión de nivel económico, ya que existen verdaderas competencias para ver quien mata el mayor número de cerdos y el animal más pesado. Pero también es la ocasión ideal para que aflore la colaboraciónvecinal traducida al préstamo de enseres o todo tipo de ayuda.