Ciclo Vital
Primera Comunión
A principios de siglo, los niños acudían a la iglesia acompañados tan sólo de sus maestros, para así recibir la Sagrada Forma. Algunos iban vestidos de “Angelitos”, pero eran los meno, debido a la carestía generalizada.
Avanzado el siglo, lo acompañaban los primos. Luego iban a casa a desayunar chocolate con churros y dulces. Después el angelito iba a las casas de los parientes para que lo vieran y le convidaran.
Algunos niños iban con el traje de domingo, y como símbolo de primera comunión llevaban un lazo blanco en la manga; otros se ponían un traje blanco, que pasaba de hermanos a primos y los más pudientes, portaban un buen traje.
Los Quintos
Los mozos entraban en quintas cuando llegaban a la edad de 20 a 18 años, la edad fue cambiando con el tiempo. Formaban un grupo de edad muy determinada y muchas de las fiestas que se celebran en los pueblos de Extremadura corresponden a ritos que marcan el paso de la edad juvenil a la adulta.
El “Día del talleo” se les llamaba para medirlos y hacerles un reconocimiento médico, que garantizara su calidad de apto o no apto. Lo más corriente era celebrar una comida familiar en casa o rodeás de dulces caseros.
Porque soy quinto
mi madre llora
y mi morena
se queda sola.
Se queda sola
y yo le digo;
morena mía
vente conmigo.
Vente conmigo
y ya verás
la borrachera
que voy a tomar.
En el mes de noviembre se efectuaba el “Sorteo “y era cuando se sabía el lugar donde les correspondía hacer el servicio. Tradicionalmente, los quintos se cosían una moneda de cinco reales para así atraer a la fortuna. Si el destino era África, no se celebraba, siendo un día de disgusto para las familias.
Porque me ha tocao a Melilla
me llaman el pobrecito,
como si Melilla fuera
sepultura pa los quintos.
Si te toca te jodes,
que te tienes que ir
que tu padre no tiene
para librarte a ti.
No siento ir a Melilla
ni pasar el estrecho,
lo que siento es mi morena
que se queda en barbecho.
Canción de quintos de Monterrubio de la Serena:
No llores porque te pongan,
la gorrita militar,
que te la van a poner,
también la van a quitar.
Estribillo:
Si te toca, te toca,
y te tienes que ir,
que tú madre no tiene
ni dos reales pa ti,
ni dos reales pa ti,
ni dos reales pa ti,
si te toca, te toca,
y te tienes que ir.
Mi madre me dijo a mí
que cantara y no llorara,
que echase penas a un lado
pero que no la olvidara.
Estribillo
Ya no son las madres solas
las que lloran por sus hijos,
que también lloran las novias
cuando se van al servicio.
Estribillo:
Las madres son las que lloran
que las novias no lo sienten,
se quedan cuatro zagales
y con ellos se divierten.
Amores y noviazgos
La elección del candidato o candidata era decisión de los padres, que, normalmente, se guiaban por motivos sociales y económicos. Se hacía en el círculo más próximo, parientes o amigos, y así se aseguraban la conservación de patrimonios y de lazos de amistad. No solían darse casamientos entre personas de diferente clase social.
Los padres, previo acuerdo, provocaban el encuentro entre los jóvenes, para que así se pudieran conocer y entablar conversación. Las fiestas familiares, las matanzas o las labores del campo eran situaciones propicias, pero también se daban los enamoramientos espontáneos: los mozos veían a las mozas cuando se dirigían a las fuentes a por agua, a lavar la ropa, o a misa, o durante el paseo de los domingos. En Villanueva de la Serena era el tristemente desaparecido paseo de San Francisco, en Campanario en al Altozano y en La Coronada el paseo se daba por la Laguna. Otra ocasión de conocerse era durante los bailes que se ofrecían por las fiestas o en casas particulares o sociedades.
La Jota de Campanario dice así:
Por el mirador
te vi pasar
y me apreciste
sirena del mar;
sirena del mar;
sirena del mar;
por el mirador
te vi pasar.
Si surgía la atracción, pronto la pareja encontraría la manera de retomar los encuentros. El pretendiente, seguro de sus sentimientos, le pediría el compromiso. Entonces se podían dar dos situaciones; si la moza correspondía, en un primer momento y según dictaban la educación y las costumbres de la época, no debía mostrarse muy alborozada, sino más bien recatada y fría; pero si la moza estaba segura de que aquel hombre no era el de su vida, y si no mediaba presión familiar alguna, se desembarazaba del pretendiente con una excusa del tipo: soy muy joven aún o no tengo ganas de novio.
Una estrofa de la jota de Malpartida de la Serena es muy expresiva:
Me han dicho que no me quieres,
me han dicho que no me quieres,
no me da pena maldita
que la mancha de la mora
con otra verde se quita.
A veces las declaraciones de amor seguían caminos más indirectos, como la enramá o cantarle una copla a la moza. En La Serena existe un rico repertorio de este tipo de canciones, siendo una de las más significativas, el Fandango del Limón, popular de Villanueva:
Un limón eché a rodar
Un limón eché a rodar
y en tu puerta se paró
y hasta los limones saben
que nos queremos los dos.
Un limón eché a rodar.
Si me quieres dímelo
Si me quieres dímelo,
y si no dame veneno,
que no es la primera dama
que le da muerte a su dueño.
Si me quieres dímelo.
La Enramá era una declaración simbólica que se realizaba en la noche de San Juan. Era muy común en Extremadura y en toda la comarca de La Serena.
El pretendiente, acompañado de sus amigos, marcaba la puerta de la casa de su enamorada para hacer públicas sus pretensiones, a la moza, a su familia y a todo el pueblo. Se necesitaba cierta pericia para formar una especie de rama o dibujo bonito encima de la puerta.
En otras poblaciones la enramá consistía en un regalo, por ejemplo, en La Coronada las mozas que fueran a casarse recibían por parte de la suegra una rosca de nuégado y un toquillón de lana.
En Castilblanco los novios escribían versos en las fachadas de las casa de sus enamoradas.
En Orellana la Vieja o Esparragosa de Lares, se colgaban de las ventanas arreglos florales o de hierbas aromáticas.
Pero no todo eran declaraciones de amor, también había manifestaciones de celos y despechos. Si esto ocurría, los mozos llenaban la puerta de paja o tiznaban las fachadas.
En Castuera aún celebran la Velada de San Juan, noche de los enamorados por excelencia. Sus canciones populares son muy expresivas:
La velada de San Juan,
la noche de los enramos
y también de que demuestren
los galanes su entusiasmo.
En la Plaza de San Juan
en la villa de Castuera,
bailan los enamorados
alrededor de la hoguera.
La jota de La Liga, la canción más antigua, dedica sus cuatro estrofas y estribillos a piropear a las mozas castueranas y cantar los amores y desamores de los mozos y sus novias:
Tu querer y mi querer
en una rama quedó.
Vino un fuerte remolino
tronco y rama se llevó.
El “Casorio” que se bailaba en la celebración de las bodas de los castueranos nos cuenta el amor no correspondido de un novio del pueblo.
El día que tu te cases,
el día que tu te cases, morena mía y olé,
ese día muero yo.
Se juntarán en la iglesia, morena mía y olé,
mi entierro y tu velación.
(Velación”:Acto que consistía en cubrir a los novios con un mismo cordón y manto durante la ceremonia del casamiento).
La petición de mano formalizaba el compromiso. Una práctica ancestral era la de arrojar una porra en casa de la novia, acompañada de estas palabras:
“Porra en casa,
la moza…
¿casa o no casa?”
Si la porra era arrojada a la calle, el mozo no era admitido en la familia. Si era admitido, las puertas de la casa se abrían de par en par. Esta costumbre ha pervivido en Orellana la Vieja, una de sus más célebres canciones populares, la rondeña de Orellana, dice así:
Porque te miro y me río
si piensas que yo te quiero
porque te miro y me río
es gracia que Dios me ha dao,
tonto y no lo has comprendío.
Es gracia que Dios me ha dao,
tonto y no lo has comprendío.
Un sereno se dormía
al pie de una cruz bendita
un sereno se dormía
y la cruz le daba voces
¡Sereno que viene el día!
Y la cruz le daba voces
¡Sereno que viene el día!
A mi triste corazón
las saetas que le tiras
¿De qué palos las cortaste
que tan dolorías son?
¿De qué palos las cortaste
que tan dolorías son?
El Pelindongo de Navalvillar de Pela
Si tu madre no me quiere
La mía de pena rabia
Y haremos un buen convenio
Para que así rabien “dambas”.
O esta tradicional:
Por esta calle me voy
por la otra doy la vuelta
la niña que a mí me quiera
que tenga la puerta abierta
Ole y ole morenita
que tenga la puerta abierta
Lo normal era que la familia al completo del futuro novio visitara la casa de la futura esposa para pedir el consentimiento: “Bueno, que estos dos se quieren y algo habrá que hacer”. Entonces el padre de ella anunciaba la decisión familiar y el novio, que hasta entonces había permanecido en la puerta, era invitado a entrar. En otras poblaciones era el pretendiente el que hacía toda la gestión, como por ejemplo en La Coronada.
Con el inicio del compromiso, se establecía todo un protocolo de regalos entre las familias, las suegras regalaban alguna prenda importante a las novias, se sucedían los intercambios de dulces caseros, etc.
A partir del consentimiento del noviazgo, la relación de pareja estaba presidida por las diarias visitas del novio al anochecer a la casa de la novia. Durante un par de horas permanecían al calor del brasero, en el comedor o en la cocina y siempre vigilados y acompañados por familiares, para velar así por la honra de la mujer.
Dos meses antes de la boda, se producía la segunda visita de la familia del novio a la casa de la novia. En ésta, se aclaraban todos los puntos concernientes al enlace, fecha, convite, invitados, detalles… Era lo que se conoce como la visita del “arreglo”.
El día de la boda los novios asistían a una misa donde confesaban y comulgaban, al igual que los padrinos. Durante tres domingos seguidos se habían producido las amonestaciones, por si alguien sabía de algún impedimento que les impidiera casarse.
Al atardecer se producía el ritual de vestir a la novia. Vestían de negro, tocadas con una mantilla de blonda del mismo color. El novio también lucía un buen traje de paño del mismo color y se cubría con capa española.
Que te leyeron primero
a la puerta de la iglesia
que te leyeron primero
que si querías a tu amante
y a tu querido dueño
Popular de Fuenlabrada de los Montes. Estas dos, a continuación, son de Villanueva:
El novio le dio a la novia
un anillo de oro fino
y ella le dio su pureza
que vale más que un anillo.
Salga la madre del novio
un poquito más afuera,
a recibir a su hijo,
a reconocer la nuera.
Con el novio y la novia a su lado,
vivan los padrinos y los convidados,
y los convidados y los de la boda,
vivan los padrinos, el novio y la novia.
Finalizada la ceremonia, recibían las felicitaciones de los invitados con el deseo de una vida óptima y venturosa. La reunión festiva se hacía en casa de la novia, el convite consistía en diversas rodeás de dulces: pestiños, perrunillas, magdalenas, mantecados, yemas bordadas, almendras, etc. Todo ello acompañado de alguna que otra copilla de licor.
Después se contabilizaban y anunciaban las dádivas, y más tarde se procedía a la degustación de la popular caldereta. La jornada acababa con el baile.
Arriba el garrabán,
garrabán florido;
arriba con él
que me voy contigo.
¡Arriba el garrabán!
Arriba el garrabán,
pulida serrana;
arriba el garrabán
que me voy mañana.
¡Arriba el garrabán!
Danza popular de Villanueva de la Serena que se bailaba en cualquier celebración festiva, especialmente en las bodas y que requería de una buena forma física de sus ejecutantes y de una gran pericia al ejecutar sus movimientos.
Nochebuena
La celebración de la Navidad es una de las tradiciones más arraigadas de Extremadura, y en los pueblos de La Serena, se celebra de manera entusiasta.
La fiesta de la Pura, el 8 de diciembre, abre las puertas al ciclo navideño y de paso a la ilusión de unas fechas esperadas y entrañables, al montaje de nacimientos, reuniones al calor de la lumbre, aderezadas de dulces, como las garrapiñas o el turrón de Castuera y amenizadas por laúdes, zambombas, almireces y panderos.
Quizás, la tradición de los villancicos es una de las más enraizadas de nuestra comarca y de nuestra región. Algunos grupos los ensayaban para cantarlos en la Misa del Gallo; otros, para dar serenatas y conciertos, y los niños, los más numerosos, para pedir el aguinaldo. Este villancico de Campanario servía para esto último:
A esta puerta hemos llegado
con muchísima alegría
a daros la serenata
si tenéis gusto de oírla
Ábreme María,
a la puerta abrid,
y nos das el aguinaldo
que venimos a pedir.
Si nos das el aguinaldo
nos lo darás con agrado
que vosotros estáis bien
y podéis bien convidarnos
Nos abrió la puerta
y nos convidó,
y nos puso “escaldaíllos"
aguardiente y turrón.
Y también unas rosquillas
y vino de su pitarra,
por eso con mucho gusto
le damos la serenata.
Quedaros con Dios
que nos vamos ya
esta noche es Nochebuena
Gracias por la Convidá
Este villancico, de los piconeros, es típico de Monterrubio de la Serena:
La noche de Nochebuena
se visten, los piconeros
con sus ropitas más nuevas,
con su capa y su sombrero,
con cu capa y su sombrero.
Dejan las chichas colgás,
el pellejo y el tocino
y pasan las madrugás,
cantando y bebiendo vino,
cantando y bebiendo vino.
Estribillo
Suenen zambombas, panderos,
y viva la fiesta de los piconeros.
La cuesta del reventón,
la suben cantando,
para hacer picón.
Pasen por Piquín,
con mucho jaral,
si no viene el guarda,
caerá buen jornal.
La cuesta del reventón
la suben cantando
para hacer picón.
Arrea pollino cojo,
no me tuerzas más la carga
que he de llegar al pretorio
antes que la luna salga,
antes que la luna salga.
Que esta noche es Nochebuena
y es noche de diversión,
tú tendrás pesebre lleno
y yo pavo con arroz,
y yo pavo con arroz.
Estribillo









