La feria que hemos alcanzado a conocer buena parte de las generaciones actuales tenía lugar los días 2, 3 y 4 de febrero, coincidiendo con la festividad mariana de la Purificación y la Candelaria.

Fue establecida, según acuerdo del Excmo. Ayuntamiento adoptado con fecha 19 de septiembre de 1908 como "feria mercado para toda clase de ganados" y que su celebración se iniciara el año 1909 siguiente.

Si bien la autorización se extendía a toda clase de
ganados en la práctica se impuso el ganado equino,
mular y asnal, abriendo un mercado que pronto
alcanzó amplia notoriedad y difusión.

El real de la feria estaba establecido en las afueras
del caso urbano junto a la Avenida de Chile pero,
además de la afluencia de animales allí congregados,
muchas calles y plazas de la población aparecían
invadidas por recuas en marcha o al aguardo de su
desplazamiento, que transformaban la discreta
tranquilidad habitual en movimiento y bullicio, al que
se sumaban las atracciones y colorido propios de los
festejos, complemento y diversión de los días feriados.

Pero la feria más antigua, la tradicional de Villanueva, cuyos orígenes se pierden en el tiempo, era celebrada anualmente los días 28, 29 y 30 de mayo dedicada preferentemente al ganado lanar que se concentraba en un terreno denominado EL QUINTILLO inmediato al río Zújar. No se conocen las circunstancias de su implantación en nuestro ámbito, hoy tan lejanas, pero sabemos que en la sesión celebrada por la Corporación Municipal el 27 de abril de 1892 adoptó el acuerdo de adelantar un día la fecha de comienzo, pasando al 27 en vez del 28 "para procurar descanso y tiempo a los ganados que tuvieran que desplazarse a la feria de Trujillo". Así mismo fue trasladado el emplazamiento del real de la feria para la concentración de toda clase de ganados a los terrenos conocidos como del "Pozo Viejo y Campo de las Huertas" junto al casco urbano, a fin de evitar los inconvenientes del paraje anterior más alejado.

En sesión corporativa de 19 de abril de 1924 el Ayuntamiento introdujo nuevas variaciones en las fechas dedicadas a esta celebración fijándolas en los días 24, 25 y 26 de mayo y así continuaron durante la década de 1930 hasta su desaparición, prevaleciendo tales actividades en Febrero hasta que la mecanización las hizo innecesarias.

Queda en el recuerdo de quienes vivieron la época, una ciudad activa y laboriosa que fabricaba desde jabón hasta chocolates, o depósitos para elaboración de vinos en muy distintas regiones, o campanas que resonaban en las ciudades más insospechadas fundidas en Villanueva, que exportaba uvas incluso al extranjero, que imponía su magisterio en cerrajería artística o con la artesanía de sus talleres de romana apreciadas dentro y fuera de España, y tantas cosas de grata memoria.

 

FERIAS DE VILLANUEVA, por Jesús García Trujillo