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Frey don García de Azuero (1430). Caballero Profeso de la Orden de Alcántara.

Juan Morcillo "El Extremeño" (1461). Desembarcó con Colón en La Española en 1492.

Juan Patiño (1463). Se unió a Colón y también desembarcó y pobló La Española.

Pedro de Valdivia (1497). En 1535 se traslada a América, sirviendo en Venezuela y Perú. Inició la conquista de Chile en 1540 y en 1541 fundó Santiago de la Nueva Extremadura.

D. Agustín Vázquez de Tineo (1519). Obispo de Popeyán.

Frey D. Luis Vázquez de Zúñiga (1523). Prior de Magacela. Fundador de la Capilla del Santo Sepulcro.

Catalina Herrera de la Ceniza (1527). Conocida como Catalina de Miranda. Pasó a Chile en 1560 y emparentó con Pedro de Valdivia.

Juan Vázquez de Oliveira (1529). Marino y navegante.

D. Juan Pérez Adame (1536). Fundador del convento de las religiosas concepcionistas.

Francisco Adame de Montemayor (1539). Primer Deán de la Catedral de Santa Fe de Bogotá, cabildo creado en 1556.

Lic. Frey D. Alonso Torres y Tapia (1578). Prior de la Orden de Alcántara. Escribió una valiosa Crónica de la misma.

Pedro de Mera Pérez (1628). Pintor.

Iltmo. Sr. D. Frey Diego Bezerra de Granada y Valcárcel (1637). Consejero de Carlos II y Conservador del Monasterio de Guadalupe.

Fray Francisco de la Manolita (1641). Lego franciscano.

José de Mera Rodríguez (1672). Pintor.

Nicolás Antonio José Hidalgo González (1716). Pintor.

Ruiz Sánchez (1720). Pintor.

Francisco José Ignacio Risco (1739). Alférez de Caballería. Profesor de equitación de Carlos IV y Fernando VII.

D. Pedro González de Mendoza (1779). Magistrado y Jurisconsulto.

Juan García Mora (1779). Ministro de Justicia en 1836.

D. Juan Santiesteban Fernández. (1797). Jurisconsulto.

D. Antonio Miguel Romero Moreno (1818). Militar.

D. Antonio Cortijo Valdés (1826). Prestigioso abogado y escritor.

D. Manuel Mª Sebastián Gómez de Mendoza Marín (1836). Diputado. Ministro del Tribunal Supremo de lo Contencioso.

Felipe Trigo (1864). Insigne escritor villanovense, autor de una extensa obra y uno de los escritores más leídos de su tiempo.

D. Antonio Montaner Castaño (1880). Jurisconsulto.

D. Antonio Miguel Romero y Gil de Zúñiga. Alcalde de Villanueva.

D. Andrés Moltó. Músico.

GALERÍA DE PERSONAJES ILUSTRES DE VILLANUEVA
PEDRO DE VALDIVIA

Pedro de Valdivia (1497-1553), soldado y conquistador español, fundador de la ciudad de Santiago de la Nueva Extremadura, en el actual Chile. Nació en Villanueva de la Serena en 1497.
Alistado muy joven en el ejército, participó en las campañas de Flandes en 1521 y en Italia entre 1522 y 1525, donde sirvió a las órdenes de Próspero Colonna y del Marqués de Pescara. Este último le concedió el grado de capitán tras participar en los ejércitos del emperador en la campaña de Italia. Don Pedro volvió a España, instalándose en casa de sus padres en Villanueva. Vivió desde 1525 a 1535, según unos, o hasta 1537, según la opinión más seguida, en que marchó al Perú. Se casó con doña Marina Ortiz de Gaete, de linaje hidalgo como él.
Corrían por entonces cuentos fantásticos del Nuevo Mundo, y allí aparte de las proezas de Hernán Cortés, pariente de don Pedro, se contaban las que estaba realizando Francisco Pizarro en Perú. Dejó en España a su mujer y embarcó para el Nuevo Mundo.

En 1537 pasó a Perú en apoyo de Francisco Pizarro, el cual le nombró Maestre de Campo. Allí luchó, junto al ejército de Hernando Pizarro, contra Diego de Almagro, y triunfó en la batalla de las Salinas de 1538. Después se dirigió con Hernando y Gonzalo Pizarro a conquistar la provincia de Collao y de las Charcas, en el Alto Perú, la actual Bolivia. Sometidas estas tierras, Valdivia recibió en recompensa una encomienda en el valle de la Canela y una mina de plata en el cerro de Porco, en la rica región de Charcas.

En 1539, tras obtener de Francisco Pizarro la autorización, así como el título de teniente gobernador de Chile, inició los preparativos de la expedición que partió de Cuzco a mediados de enero de 1540. Viajaba también en la expedición una mujer, doña Inés de Suárez, compañera de Valdivia, cuya participación fue decisiva en algunos momentos de la conquista.

Pedro de Valdivia tomó posesión de la tierra en el valle de Copiapió, bautizado como Nueva Extremadura o Nuevo Extremo. Más al sur, en el valle de Mapocho, fundó Santiago de la Nueva Extremadura el 12 de febrero de 1541, la primera de una serie de fundaciones españolas dentro del ambicioso proyecto de Valdivia de expansión hacia el cono sur. Y le da ese nombre porque conserva en su imaginación la fiesta que en su pueblo de Villanueva de la Serena se celebra en honor a Santiago, y entre sus devociones el culto que aprendió en sus primeros años en honor del Apostol, cuando de pequeño le llevaba su padre a tocar la campana de la ermita en la gran velada y a depositar su limosna ante el Santo, costumbre tradicional que se sigue conservando en la actualidad a través de los siglos.

Atribuyéndose el título de gobernador de la nueva ciudad, tuvo que hacer frente a una conjura de almagristas y a sucesivas rebeliones indígenas que acabaron con la destrucción de Santiago y dificultaron la supervivencia de los colonizadores, lo que le obligó a pedir refuerzos a Perú, que llegaron a finales de 1543.
Tras la fundación de Santiago, Pedro de Valdivia vio surgir la necesidad de consolidar su empresa de conquista manteniendo un contacto permanente con el virreinato del Perú. Para ello necesitaba contar con un lugar de avanzada donde sus tropas pudieran descansar y alimentarse. Nace así, La Serena, la segunda ciudad más antigua de Chile, la que fue fundada por el capitán Juan Bohón, con el nombre de Villanueva de la Serena, en recuerdo de la tierra natal de Valdivia, el 4 de septiembre de 1544.
Simultáneamente confió a Francisco de Villagra y Lope de Aguirre nuevas exploraciones hacia el río Maule, y a Pastene en dirección al estrecho de Magallanes.

Para consolidar sus objetivos y legalizar su nombramiento tuvo que marchar a Perú, donde prestó sus servicios a Pedro de La Gasca y luchó en el bando realista frente a Gonzalo Pizarro en la batalla de Xaquixahuana en 1548. En recompensa, le fue reconocido en nombre del rey el cargo de gobernador y capitán general de Nueva Extremadura. A su regreso de Perú comenzó la exploración hacia tierras más meridionales, en un intento de convertir Chile en una inmensa franja que desde Perú llegase al estrecho de Magallanes.
Tras la reconstrucción de las poblaciones destruidas Valdivia se lanzó a la fundación de nuevas ciudades, tales como Concepción en 1550, La Imperial y Valdivia al año siguiente o Vilarrica en 1552; y de fuertes como los de Arauco, Purén y Tucapel en 1553. El avance de Valdivia hacia los confines meridionales se vio frenado por los indígenas de la región, los araucanos, que encabezados por Caupolicán y Lautaro hicieron frente y asesinaron a Valdivia en Tucapel el 25 de diciembre de 1553, hechos que recogió Alonso de Ercilla en La Araucana, publicada en Madrid en 1569, una de las obras más destacadas de la épica castellana.

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Tras la conquista de Granada, los Reyes Católicos entienden que su
poder no se completará sin el control de los territorios y de las rentas
de las todopoderosas Órdenes Militares.
En 1494 se establecen unas Capitulaciones entre el Poder Real y el
último Maestre de la Orden de Alcántara. Don Juan de Zúñiga, por las
cuales, éste renuncia al Maestrazgo a cambio del "Partido de la
Serena, con sus rentas y dehesas y derechos de vasallos y jurisdicción
civil y criminal y todo lo que le pertenece así como yo ahora lo tengo
y poseo
". Conseguía separar de la Orden todo el Partido de la Serena,
juntamente con la Encomienda de Castilnovo, 350.000 maravedís de
renta anual de Comendador Mayor, más 6.000.000 millones por diversos
conceptos. Se completaba con el proyecto de creación de una
Abadía - priorato con una independencia total, tanto civil como
eclesiástica, sujeta sólo al Papa.
Una vez aprobadas por el Papa las Capitulaciones y Rentas, dispone la
construcción de la Abadía, dándole a partir de entonces a Villanueva de
la Serena la categoría de sede y capital de la Serena.
Esta es la descripción que frey Alonso de Torres y Tapia hace en su
Crónica de la Orden de Alcántara
: "Vive el Maestre Don Juan de
Zúñiga en Villanueva de la Serena, en la casa que para convento mandó
labrar, que es uno de los más majestuosos edificios que hay en
Extremadura; tiene Iglesia arrimada a él y la Dignidad de otras cosas de
grande autoridad, que sin duda es la de mayor que se conoce en las
Órdenes Militares".
Gran aficionado a las artes, reunió a lo más granado de la época, hecho
que convirtió al palacio en una auténtica corte de eruditos.
"Era el Maestre aficionado a todas buenas letras y, además de los religiosos que tenía consigo, llevó algunos hombres insignes en ellas: el bachiller Frey Gutierrez de Trejo, jurista, caballero de la Orden; el maestro Frey Domingo, teólogo de la Orden de Predicadores; el doctor de la Parra, médico; Abasurto, judío de nación, astrólogo; el Maestro Antonio de Nebrija y el maestro de capilla Solórzano, el mayor músico que conocieron los tiempos..."
Efectivamente, Antonio de Nebrija, autor de la primera Gramática de la Lengua Castellana, fue su profesor de retórica y de latín. En agradecimiento, escribió en Villanueva el Diccionario Latino - Castellano, que dedicó a su mecenas

 

Pie de foto:
Don Antonio de Nebrija imparte una clase de latín al último Maestre de la Orden de Alcántara, Don Juan de Zúñiga y Pimentel, que se halla rodeado de toda su corte de eruditos.

DON JUÁN DE ZÚÑIGA, MECENAS DE LAS ARTES
GENERAL DE LA FUENTE
Antonio de la Fuente nació el 18 de febrero de 1855 en Villanueva de la Serena, hijo del capitán de infantería Antonio de la Fuente Ojalbo y de Dionisia Castrillo González. Su alumbramiento tuvo lugar en la calle que hoy, precisamente, lleva su nombre, y que por aquel entonces se llamaba Luis González y Peñalosa. Fue bautizado en la Iglesia Parroquial de la Asunción el 25 de febrero.
Ingresó como cadete en la Academia de Artillería de Valladolid en
1871. Tras finalizar sus estudios emprendió una brillante carrera
militar, cuyos hitos más importantes fueron su participación en la
III Guerra Carlista, donde obtuvo en reconocimiento la medalla al
Mérito Militar y la Medalla de Alfonso XII.
Ascendido a Teniente en 1875, pasó en 1881 al Regimiento de
Húsares de la Princesa en Aranjuez. En 1892, cuando detentaba el
rango de Capitán, fue destinado a su ciudad, al lugar conocido
entonces como la "Zona" (de Reclutamiento), en realidad
"Comisión de Estadística y Requisición Militar".
Este destino no fue todo lo grato que parecía en un principio. Los
sucesivos cambios de gobierno, llevaban aparejados las consiguientes transformaciones en la administración. Uno de los cambios previstos en esa etapa era el traslado de la "Comisión de Estadística". Gracias a su influencia en las instancias militares de la época, dicha "Zona" no fue llevada a Don Benito. La corporación municipal, en agradecimiento, mandó empedrar la calle donde había nacido. Desde entonces, lleva el nombre de General Lafuente.
En 1895 es enviado a Cuba, donde cosecha nuevos éxitos en su carrera. Es condecorado con dos cruces al Mérito Militar y la Medalla de Cuba.
En 1900 es nombrado Ayudante de Campo del teniente general Weyler. En 1909 y al mando de un Regimiento de Húsares, se enfrenta a un nuevo conflicto bélico: la Guerra de Marruecos. Una vez más, finalizada la guerra, fue objeto de los más altos honores: Cruces al Mérito Militar y Medalla de Melilla.
General de Brigada desde 1911 y de División desde 1915, asciende a subinspector de las Tropas de Barcelona, donde vive las revueltas de 1917 y 1918. Su participación no pasa desapercibida, incluso llega a oídos del rey Alfonso XIII, y el 12 de julio de ese mismo año es nombrado Gobernador Militar de la Provincia.
La culminación de su carrera militar llegó un año después, en 1919, cuando entra a formar parte del Consejo Supremo de Guerra y Marina.
Una vez retirado, en la reserva, vivió dos nuevos e importantes episodios de nuestra más reciente historia: el exilio del monarca y la proclamación de la II República, a la que prestó juramento.
El 12 de diciembre de 1931 falleció en Madrid, donde descansan sus restos.